domingo, 1 de marzo de 2020

Joker: el descenso a la locura desde la perspectiva del Derecho Penal


El Joker es un personaje de cómic cuya primera aparición tuvo lugar en 1940, para, de forma inmediata, convertirse en el enemigo por antonomasia del hombre murciélago, Batman. Desde su origen el personaje se ha presentado como un psicópata (involucrado incluso en el asesinato de los padres del niño que años después se convertiría en Batman), desarrollando una obsesión personal hacia el superhéroe. El Joker no cuenta con habilidades sobrehumanas, pero sí con un adelantado ingenio criminal que le posicionaba como un peligro muy real y con una elevada capacidad de éxito en sus cometidos.
La popularidad del Joker ha adquirido una cota extrema con la película del mismo nombre, dirigida en 2019 por Todd Phillips y protagonizada por el actor Joaquin Phoenix, quien ha realizado una interpretación del personaje justamente merecedora de un premio Óscar y tal vez el hito de su gran carrera como intérprete. La película muestra el origen de la creación del Joker, la aparición del personaje a través de la degradación de la mente de una persona, Arthur Fleck, totalmente desbordada por una sociedad que viene a ser la responsable de la creación del monstruo. Ganándose la vida como un cómico de escaso talento, Arthur es literalmente pisoteado en la calle por los habitantes de Ciudad Gótica (que viene a ser el reflejo de cualquier gran ciudad del mundo), vejado y despreciado socialmente, engañado por su propia madre, quien le hizo creer que era un enfermo, traicionado por sus compañeros de trabajo hasta hacerle perder su modus vivendi y ridiculizado en los medios de comunicación. Esa combinación de factores, derivados de una sociedad que es la realmente enferma tal y como se presenta en el film, hizo quebrar la mente del protagonista, dejando atrás a Arthur para convertirse en el Joker y encabezar, aun sin quererlo, una especie de reacción autoinmune de la sociedad contra su propia enfermedad, haciendo responsables de esa decadencia a las clases dirigentes y generando el caos en la ciudad.
Partiendo de estos hechos, el personaje del Joker evoluciona (o se degrada) de una forma progresiva, siendo la dificultad de la interpretación de Phoenix precisamente reflejar esa caída en la locura de una manera escalonada, pasando de una situación de posible depresión hacia la psicopatía absoluta.

En el Derecho Penal existen previstas causas de exclusión de la responsabilidad criminal, y particularmente, el artículo 20 del Código Penal dispone: “Están exentos de responsabilidad criminal: 1.º El que al tiempo de cometer la infracción penal, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.
El trastorno mental transitorio no eximirá de pena cuando hubiese sido provocado por el sujeto con el propósito de cometer el delito o hubiera previsto o debido prever su comisión”.

La transición entre Arthur Fleck y Joker me lleva a considerar, desde un prisma jurídico, la eventual concurrencia de esta causa de exclusión en la responsabilidad penal del Joker por los crímenes que a lo largo de la película va cometiendo. El interés respecto de este extremo está precisamente en la deriva del personaje hacia la oscuridad, en esa entrada dinámica en el estado de completa psicopatía.

Mientras el personaje continúa albergando la personalidad de Arthur, sigue siendo plenamente consciente de sus actos; y así, cuando en la inicial escena del viaje en metro tres ejecutivos jóvenes se ríen de él, mientras Arthur regresa a su casa, vestido de payaso, después de la traición de su compañero de trabajo, y le agreden, respondiendo efectuando disparos y matando a los tres, en ese primer crimen, el personaje es consciente de lo que acaba de hacer, porque todavía es la misma persona de base, e interioriza y quiere el hecho. Cuestión distinta sería la apreciación de una posible atenuante de arrebato, pero en ningún caso, por la desproporción de la respuesta, el acto se arroparía en la legítima defensa. De modo que por este hecho, Arthur sería plenamente responsable y la eximente no concurriría.

Posteriormente se produce el segundo crimen, que tiene lugar en el piso de Arthur, cuando dos excompañeros de trabajo le van a visitar. Uno de ellos es quien causó su despido, al haber propiciado esa circunstancia y venderle ante el dueño de la empresa en la que trabajaba. En un determinado momento, Arthur asesina dentro de su casa al traidor, y cuando el otro ex compañero le ruega que no lo mate, Arthur, besándole en la frente, le dice que no se preocupe, que no le quiere hacer nada, pues siempre se portó bien con él mientras fueron compañeros. En este momento de transición, todavía el personaje conserva la capacidad de decisión, racionaliza la acción que pretende y ejecuta, y el elemento externo de la selección de la víctima es acreditativo de la plena consciencia con la que realiza el hecho, por lo que no le sería de aplicación la eximente, ni tampoco una situación de enajenación transitoria. Resulta muy gráfico (y un elemento de genialidad en la dirección de la película) que en este momento el protagonista está a medio maquillar, esto es, sólo con la cara pintada con una base de color blanco, lo que es la plasmación de que Joker todavía no ha nacido y el momento es fronterizo.

En la escena en la que el protagonista, ya perfectamente maquillado y vestido, atraviesa el pasillo y realiza el memorable baile en las escaleras, Arthur ya ha desparecido, y estamos en presencia de la locura en estado puro: ha nacido el Joker. Cuando acude al programa de televisión en el que, siendo Arthur, le presentaron ante los espectadores de la ciudad para reírse de él por su mala calidad profesional (y al que había sido invitado para ahondar aún más en el hazmerreír, la ridiculización y el morbo que pedía la audiencia) quien acude no es ya Arthur, sino otra persona, pidiendo, de hecho, que se le introduzca de ese modo; y quien de un disparo mata en directo al presentador Murray Franklin (encarnado por Robert de Niro), para mayor gloria del pico de audiencia, es Joker. La transmisión del crimen a través de la televisión resultó ser la mecha final de la revolución de la masa social de la ciudad al haberse llegado al extremo de la depravación ética, erigiendo al Joker como a un líder. A partir de este punto (y enlazando con el posible asesinato que comete Joker contra la psiquiatra de la cárcel al final de la película), el sujeto activo de los hechos ya es un completo psicópata, y sus conductas han dejado de ser reflexivas y asumidas, pues él mismo está fuera de sí, es otra identidad la que se manifiesta, por lo que podría serle aplicable la eximente. Además, tampoco se trataría de un supuesto de actio libera in causa, previsto en el apartado segundo del referido artículo 20, 1º, del Código Penal, esto es, la generación intencionada por Arthur de un estado de inconsciencia para eludir su responsabilidad penal por lo que hiciera durante el mismo, por dos razones: primero, porque su situación de enajenación mental es manifiesta, se trata del surgimiento progresivo de otra personalidad, que finalmente cristaliza y sustituye a la anterior; y en segundo lugar, porque el relato de los hechos ha mostrado cómo esa degradación escalonada es una realidad y se ha originado extra muros del propio sujeto: el Joker es el producto de una sociedad corrompida, en cierto modo el resultado de una infección derivada de múltiples factores externos, lo que no deja de ser un aviso, y una reflexión, sobre el verdadero origen de la delincuencia y de cómo una sociedad, en la que no exista una altura ética e intelectual, retroalimenta el crimen y es la responsable de sus propios males, los cuales incluso podrían quedar impunes.

 “Maté a esos tipos porque eran horribles. Todos son horribles en estos días. Es suficiente para volver loco a cualquiera”.

“¿Has visto cómo es allá afuera, Murray? ¿Alguna vez dejas el estudio? Todos solo gritan y gritan el uno al otro. Ya nadie es civilizado. Nadie piensa cómo es ser el otro chico. ¿Crees que hombres como Thomas Wayne alguna vez piensan lo que es ser alguien como yo? ¿Ser alguien más que ellos mismos? Ellos no. ¡Piensan que nos sentaremos allí y nos lo tragaremos todo, como buenos niños! ¡Que no seremos hombres lobo y nos volveremos locos!”

"Solía pensar que mi vida era una tragedia, pero ahora me doy cuenta de que es una comedia".




Diego García Paz es Letrado Jefe de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid y 
Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación 

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