Elio Antonio de Nebrija (1444-1522) fue hombre de carácter. Humanista
en el sentido más propio del término, era un firme defensor de la pureza de las
enseñanzas derivadas del mundo clásico y de la necesidad de volver a ellas, sin
ningún tipo de matiz, para obtener la verdad expresada a través del lenguaje.
Fue un buscador del sentido auténtico de las palabras, entendiendo que
cualquier perversión de las mismas llevaba necesariamente o bien al error o
bien a la falsedad según las manos que les dieran uso. El mismo paso del
tiempo, las revisiones, los comentarios, las reinterpretaciones de los textos
originales ponían a Nebrija, muy consciente de ello, en la necesidad de
encontrar una solución al desvío negligente o premeditado del sentido propio de
las palabras. Así, fue autor de una de las obras más importantes de la lengua
española, la Gramática Castellana, que publicó en 1492.
El fuerte temperamento de Nebrija, unido a lo que verdaderamente su
obra significaba, pues pretendía despojar a las palabras de los barnices que
durante muchos años se habían superpuesto sobre ellas hasta diluir su real sentido,
le ocasionaron tener enemigos poderosos. Porque no solo pretendía una
restauración de las palabras a nivel académico: quería que su obra alcanzase todos
los ámbitos y aspectos de la vida. Esto incluyó el religioso, de tal modo que
cuando instó a que la Biblia fuera leída e interpretada solo atendiendo a las
fuentes originales hebreas y griegas, sin comentarios ni añadidos, la
Inquisición le puso en el punto de mira.
Considero a Nebrija un auténtico y genuino filósofo del lenguaje.
Porque quería devolverle su precisión, lo que realmente trasmite al reflejar la
realidad. En fin: un acto de valentía, de rebeldía, tan propio de los humanistas
que no se permiten quedar encorsetados dentro de las interpretaciones o
sentidos impuestos a conveniencia. Y llegó, por supuesto, al Derecho.
Fue autor del Iuris Civilis Lexicon, una especie de diccionario
etimológico de expresiones legales a las que devolvía su sentido original, dado
que siglos de comentaristas y de intérpretes de las fuentes iniciales habían,
según su criterio, desvirtuado de tal manera las palabras que, de un cuadro de
vivos colores se había pasado a capas y capas originadas en una mala
restauración del lienzo que ya no permitía siquiera ver la pintura. Por eso
renegaba de glosadores y de comentaristas y abogaba por el regreso a la fuente
clásica, del Corpus Iuris Civilis de Justiniano y de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Como
es de ver, era el suyo un humanismo en estado puro.
Es muy cierto que quien controla la palabra en un discurso legal, quien
sabe, con precisión y rigor, utilizar el lenguaje técnico, tiene el asunto con perspectiva
favorable. El correcto y elegante uso de las palabras en el Derecho es muy
parecido al hábil manejo del Derecho Procesal, pues no son pocas las ocasiones
en las que la forma lleva al éxito en un caso que por su fondo tiene otra
dimensión, muy lejana a prosperar.
Entre anotadores de las fuentes romanas clásica (los glosadores) que en
la Edad Media introdujeron sus comentarios al margen de las palabras
transformando literalmente su sentido, y los copistas que no conocían con
finura el latín clásico y traducían de manera impropia las instituciones, se
llegaba a tal nivel de cambio de sentido que, lógicamente, esto tenía su
traslado en la realidad tangible, pues aquellas fuentes adquirían un
significado que no era el original, y en una ciencia, como es la jurídica, no
puede desvirtuarse la esencia de una institución o de una palabra legal. El
cambio del significado de una palabra altera el ser mismo de aquello que
expresa; afecta indiscutiblemente a la realidad física que la palabra refleja. Sin
duda Nebrija era muy consciente de ello.
La pureza del lenguaje, el rigor de la etimología, la limpieza de
añadidos o de anotaciones que en lugar de enriquecer pervierten el sentido de
la palabra, son cuestiones que se le deben a este gran humanista, pues una cosa
es adecuar una institución o un concepto legal al sino de los tiempos, a los
avances de la vida, y otra muy diferente corromper tal institución o tal
concepto para que tenga un significado distinto al que le es propio y que sea
del mejor gusto del poder. La herencia, la usucapión, el censo y el
arrendamiento son palabras que siempre tendrán su significado, por más que los
tiempos cambien, del mismo modo que “dilación” y “prescripción”, “retraso” e
“imposibilidad”, “abuso” y “agresión” o “crisis” e “invasión” no significan lo
mismo e intentar que así sea solo lleva a la más profunda injusticia, y en esto
tenemos una amarga experiencia práctica que lo certifica.
“Porque escribo de temas relacionados con esa
despreciable turba de hombres que, aparentando tener una profunda ciencia,
asesoran a los demás en cuestiones de leyes, ejercen la judicatura e incluso
desempeñan cargos de mando, quienes con razón se alborotarán e indignarán, al
ver que pretenden enseñarles hombres de ínfima profesión. Mas tengo un modo de
librarme de los embates de la envidia, dejando su tranquilidad imperturbada:
Trataré las cuestiones relativas al Derecho no como jurisperito, sino como
gramático."
“Los miembros y pedazos de España, que estaban por muchas
partes derramados, se redujeron y juntaron en un cuerpo y unidad de reino. La
forma y trabazón del cual así está ordenada que muchos siglos, injuria y
tiempos no la podrán romper ni desatar.”
